Suelo describir Python como una navaja suiza. Sirve para muchas cosas, aunque eso no lo convierte en la mejor herramienta para todas.
Es un lenguaje de propósito general, de alto nivel y tipado dinámico. Permite trabajar con orientación a objetos y también con estilos procedimentales y funcionales. Calificar de «parcial» su soporte de objetos, como hacía el primer borrador, no sería una descripción adecuada.
Lo que más valoro es la relación entre legibilidad y experimentación. Al principio, la ausencia de cierta puntuación puede hacer pensar que falta algo. Con la práctica, muchas de esas ausencias resultan innecesarias para expresar una idea con claridad.
Python tiene una presencia importante en análisis de datos, inteligencia artificial, automatización y desarrollo web. Su utilidad va más allá de una moda concreta. No aporta demasiado predecir que un lenguaje eliminará a otro: diferentes ecosistemas siguen respondiendo a necesidades distintas.
El paso importante es programar, leer código ajeno y aprender a comprobar nuestras suposiciones. Un lenguaje se convierte en una herramienta para pensar cuando comprendemos tanto lo que facilita como lo que exige cuidado.
