Poco a poco vamos entrando en materia, como diría algún que otro profesor. Finalmente tuve la suerte de cursar una carrera en la Universidad Romeo, que estaba entre mis posibles opciones: Ingeniería Informática. Reconozco que sabía poco sobre ordenadores, pero las grandes promesas de los medios de comunicación sobre la facilidad, no solo para encontrar trabajo, sino de estar bien remunerado hicieron que finalmente me decantase por esta ingeniería.
El primer año fue realmente duro, solo conseguí aprobar dos asignaturas: bases de matemáticas y física. No entendí prácticamente ninguno de los conceptos de informática aquel primer año. Era todo muy abstracto. Mi cerebro no estaba aún preparado para aquel tipo de contenidos. Tras un largo verano estudiando programación en una academia, retomé la carrera con fuerzas y conocimientos renovados, que me guiarían hasta el final de ésta. Resulta curioso: después de estar en riesgo de abandonar la carrera, conseguí terminarla en tan solo seis años, uno más de lo estipulado. Nunca tires la toalla, al menos hasta que no te puedas levantar de la lona.
La universidad es un entorno especial, el lugar donde fluye el conocimiento, por eso es fácil que te acabe entrando por los poros. Mención especial merece el colectivo de los profesores universitarios, entre los que hoy en día me encuentro, expertos de diferentes áreas que ayudan a descubrir nuevos mundos de ideas. Podría destacar el nombre de muchos de ellos que marcaron mi carrera, pero siempre hay uno que fue más allá que el resto. En concreto la persona de la que hablo, me permitió disfrutar de una beca en su laboratorio durante los dos últimos años de mi carrera. Tengo que decir que aprendí más allí que en todas las multinacionales en las que trabajaría posteriormente. Además, los últimos años estuve realmente implicado en la política de la Universidad, fui representante de estudiantes a varios niveles, llegando incluso a votar la aprobación de los estatutos de ésta.
Pero si la vida como becario era maravillosa, aún lo fue más, la experiencia PROGRAM-001. Yo tuve la suerte de vivirla en la Tango University, en Finlandia. De septiembre a diciembre, viví por mi cuenta y riesgo todo tipo de aventuras, sobre la nieve. Este capítulo de mi vida merece su propio libro, aunque no se si algún día verá la luz.
Al terminar la carrera, solo me quedaban dos opciones, continuar con el Doctorado o ponerme a trabajar. Por diversos motivos, entre ellos el encontrar un trabajo rápidamente, finalmente me puse a trabajar, contaba por aquel entonces con 24 años y estaba deseoso de comerme el mundo, si antes no me comía él a mí.

