Si buscas más autonomía profesional, aprender a programar es un buen punto de partida. El lenguaje o los lenguajes deben servir al trabajo que quieres hacer, no a una predicción sobre cuál dominará el mundo.
En desarrollo web, por ejemplo, puede ser necesario comprender lo que sucede en el navegador y lo que ocurre en el servidor. Hay diferentes combinaciones adecuadas. Lo importante es poder construir, mantener y explicar la solución.
Un ecosistema propietario puede facilitar el avance, pero también generar dependencia de las decisiones, los precios o la continuidad de un fabricante. El software libre puede ofrecer más posibilidades de inspección y adaptación, sin dejar de necesitar personas, tiempo y conocimientos.
Programar aporta autonomía porque permite implementar ideas propias. La independencia nace de evaluar las dependencias que elegimos y conservar la capacidad de cambiar de rumbo. Es una habilidad práctica, no solo una declaración de preferencias.
