Si hay algo que caracteriza a España es su capacidad para la burocracia. No importa lo que necesites hacer: renovar el DNI, pedir una ayuda social, o simplemente cambiar de médico de cabecera, el proceso siempre será largo, confuso y probablemente implique más formularios que los que te imaginas. Es más, en España, el vecino que te aconseja sobre cómo rellenar los papeles probablemente sea más rápido y eficiente que cualquier funcionario de ventanilla. Y lo mejor de todo es que ya nos hemos acostumbrado, casi con resignación. Lo aceptamos como parte de nuestra vida diaria. Pero detrás de esa burla hacia nuestra ineficiencia administrativa, hay una realidad: las políticas sociales en España, aunque bien intencionadas, son lentas y, en muchos casos, insuficientes.
En este capítulo, vamos a ser especialmente duros con la situación actual de las políticas sociales en España. Exploraremos los datos reales, observando cómo el sistema parece estar diseñado para funcionar lentamente, con la eficiencia de una tortuga paralítica. Y como broche de oro, haremos una inevitable comparación con los países nórdicos, que parecen haber descubierto el secreto de una política social eficiente. Lo haremos, como siempre, con mucha sorna, porque si no podemos reírnos de nuestros propios problemas, ¿de qué otra cosa nos vamos a reír?
