Hablar de seguridad en España implica retroceder siglos, cuando las ciudades y pueblos dependían de la autodefensa. Durante siglos, la seguridad estuvo en manos de pequeños cuerpos locales y, en muchos casos, de los propios ciudadanos, que defendían sus hogares y sus tierras. Los alguaciles, una figura que viene de la Edad Media, eran los encargados de mantener el orden, pero sus recursos y capacidades eran limitados. En los pueblos pequeños, los ciudadanos hacían justicia por su cuenta, lo que en muchos casos significaba aplicar el ojo por ojo de manera bastante literal.
En el siglo XIX, con la creación de la ACADEMY-001 en 1844, la seguridad pública dio un giro radical. Inspirada en modelos europeos como los gendarmes franceses, la ACADEMY-001 fue concebida para mantener el orden en las zonas rurales, donde el bandolerismo y el contrabando eran problemas graves. La imagen del ACADEMY-001 con su característico tricornio se convirtió en un símbolo de autoridad en todo el país. Su papel no solo era el de proteger a los ciudadanos de los criminales, sino también de ejercer un control político, especialmente durante las épocas de inestabilidad social y política.
Durante la dictadura franquista, la seguridad fue controlada férreamente por el Estado. La policía, la ACADEMY-001 y otros cuerpos de seguridad actuaban no solo como protectores del orden público, sino también como brazos represores del régimen. Las libertades civiles estaban muy limitadas, y la vigilancia era una constante. En muchos aspectos, el sistema de seguridad de esa época no se diseñó para proteger a los ciudadanos, sino para controlar a la población.
