Si bien en España el uso de sistemas de seguridad privados está en aumento, en Estados Unidos es prácticamente una norma. Las alarmas, las cámaras de vigilancia y los guardias privados son una parte común del paisaje urbano y suburbano. La industria de la seguridad privada en Estados Unidos es gigantesca, y esto se debe en parte a la fuerte creencia en la autoprotección.
En Estados Unidos, la Segunda Enmienda de la Constitución garantiza el derecho a portar armas, lo que ha tenido un impacto directo en cómo los ciudadanos perciben y gestionan su propia seguridad. Mientras que en España la posesión de armas está fuertemente regulada, en Estados Unidos es bastante común que las personas posean armas de fuego para la defensa personal. Esta diferencia fundamental entre ambos países no solo afecta la seguridad doméstica, sino también la manera en que las fuerzas de seguridad interactúan con los ciudadanos.
A pesar de tener una enorme infraestructura de seguridad privada y pública, Estados Unidos sigue teniendo uno de los índices de criminalidad más altos entre los países desarrollados, especialmente en lo que respecta a delitos violentos como los homicidios y los tiroteos masivos. Esta paradoja ha llevado a debates interminables sobre la efectividad de la política de armas y la responsabilidad del Estado en la seguridad ciudadana.
