La defensa de la vida es uno de los pilares de la Doctrina Social de la Iglesia y ha sido un tema central en el magisterio de todos los Papas modernos. La Iglesia enseña que la vida humana es sagrada desde el momento de la concepción hasta la muerte natural, y que cualquier atentado contra la vida humana es un grave pecado y una violación del quinto mandamiento (“No matarás”).
El Aborto y la Defensa del No Nacido: La Iglesia ha sido una de las voces más fuertes contra el aborto y ha promovido la defensa del derecho a la vida del niño por nacer en todos los foros internacionales. El Papa Juan Pablo II, en su encíclica "Evangelium Vitae" (1995), afirmó que el aborto es un “crimen abominable” y llamó a los católicos a trabajar para construir una cultura de la vida que proteja a los más vulnerables.
Eutanasia y el Fin de la Vida: La Iglesia también se opone firmemente a la eutanasia y al suicidio asistido, viendo estas prácticas como una forma de rechazar el don de la vida. La atención a los enfermos terminales debe centrarse en proporcionar cuidados paliativos y acompañamiento, respetando la dignidad y la autonomía de la persona sin recurrir a medios que provoquen intencionalmente la muerte.
La Pena de Muerte: En los últimos años, la Iglesia ha adoptado una posición cada vez más firme contra la pena de muerte. En 2018, el Papa Francisco revisó el Catecismo de la Iglesia Católica para declarar que la pena de muerte es “inadmisible” en todos los casos, reafirmando el compromiso de la Iglesia con la inviolabilidad de la vida humana.

