En el siglo XXI, la familia enfrenta una serie de desafíos que ponen en peligro su estabilidad y su misión en la sociedad. La crisis del matrimonio, el aumento de divorcios, la disminución de las tasas de natalidad y la proliferación de nuevos modelos de familia han llevado a muchos a hablar de una crisis de la familia. La Iglesia, aunque sigue defendiendo el modelo tradicional, ha buscado adaptar su pastoral familiar para acompañar a las familias en situaciones difíciles.
Crisis del Matrimonio y el Divorcio: La Iglesia enseña que el matrimonio es indisoluble, pero reconoce que la realidad del divorcio afecta a millones de personas. En su exhortación apostólica "Amoris Laetitia" (2016), el Papa Francisco llama a la Iglesia a ser misericordiosa y a acompañar a las familias rotas con compasión y cuidado pastoral. Aunque la Iglesia no reconoce el divorcio como una disolución del vínculo matrimonial, sí permite la anulación en ciertos casos, cuando se demuestra que el matrimonio carecía de los requisitos esenciales desde su inicio.
Las Familias Monoparentales y Nuevas Realidades: La Iglesia ha tomado conciencia de que muchas familias no encajan en el modelo tradicional de padre, madre e hijos. En respuesta, la pastoral familiar ha buscado incluir a familias monoparentales, familias reconstituidas y otras realidades. Aunque el ideal sigue siendo el matrimonio sacramental, la Iglesia invita a acoger y apoyar a todas las familias en su camino de fe.
Cuestiones de Género y Nuevos Modelos de Familia: La enseñanza de la Iglesia sobre la familia se ha visto cuestionada por el auge de las teorías de género y el reconocimiento legal de parejas del mismo sexo en muchos países. La Iglesia enseña que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer, y que la diferencia sexual es esencial para el significado del matrimonio y la procreación. Sin embargo, el Papa Francisco ha pedido a la Iglesia que trate a las personas en estas situaciones con respeto y caridad, sin comprometer la verdad del Evangelio.

