La Doctrina Social de la Iglesia es el cuerpo de enseñanzas que articula la posición de la Iglesia en temas sociales, económicos y políticos. Basada en la revelación divina, la tradición y la razón, la Doctrina Social de la Iglesia no es un programa político, sino una guía para la acción social que busca construir una sociedad basada en la dignidad humana, la solidaridad y la subsidiariedad. A través de encíclicas, cartas y exhortaciones, los Papas han desarrollado una rica enseñanza que aborda los desafíos de cada época, desde la Revolución Industrial hasta la era de la globalización.
Dignidad de la Persona Humana: El principio de la dignidad humana es la base de toda la Doctrina Social de la Iglesia. Cada persona es creada a imagen y semejanza de Dios y, por lo tanto, tiene un valor intrínseco que debe ser respetado y protegido. La Iglesia defiende que la economía, la política y la cultura deben estar al servicio del desarrollo integral de cada persona.
El Bien Común: El bien común es el conjunto de condiciones que permiten a todas las personas alcanzar su plenitud humana. Esto implica que las instituciones sociales deben promover la justicia, la paz y el desarrollo. Para la Iglesia, el bien común no es solo el bienestar material, sino también la realización espiritual y moral de cada individuo.
Solidaridad: La solidaridad es el principio que subraya la interdependencia de todas las personas y comunidades. La Iglesia enseña que la solidaridad no es solo un sentimiento de compasión, sino un deber moral de ayudar a los más necesitados y trabajar por un mundo más justo.
Subsidiariedad: El principio de subsidiariedad sostiene que las decisiones deben tomarse en el nivel más cercano a las personas afectadas, permitiendo que las comunidades locales se organicen y se responsabilicen de su propio desarrollo. La subsidiariedad promueve la autonomía local y evita el exceso de centralización y burocracia.

