La globalización ha creado oportunidades sin precedentes para el intercambio económico y el desarrollo, pero también ha profundizado la desigualdad y ha llevado a la explotación de trabajadores y recursos en muchas partes del mundo. La Iglesia ha respondido a estos desafíos promoviendo una globalización de la solidaridad, donde la ética guíe las decisiones económicas y los derechos humanos sean respetados en todos los niveles.
El Papa Juan Pablo II y la Globalización: En su encíclica "Centesimus Annus", Juan Pablo II reconoció las potencialidades del mercado libre, pero también advirtió que un mercado sin regulación ética puede llevar a la exclusión y a la deshumanización. La economía de mercado solo es aceptable cuando está orientada al bien común y respeta la dignidad de cada persona.
El Papa Francisco y la Crítica al Neoliberalismo: El Papa Francisco ha sido aún más crítico del neoliberalismo y del sistema económico actual, al que describe como una “economía que mata”. En su encíclica "Evangelii Gaudium", Francisco advierte que un sistema que promueve la acumulación y el consumo desenfrenado lleva a la cultura del descarte, donde los pobres y los débiles son vistos como desechos.
La Economía de Comunión: La Iglesia ha promovido alternativas al capitalismo y al socialismo tradicionales, como la Economía de Comunión, una iniciativa nacida en el Movimiento de los Focolares, donde las empresas se organizan de manera que los beneficios se compartan con los pobres y se reinviertan en el desarrollo de la comunidad. Este modelo empresarial combina la eficiencia económica con la solidaridad y el compromiso social.

