La Doctrina Social de la Iglesia ha abordado temas económicos desde la publicación de la encíclica "Rerum Novarum" del Papa León XIII en 1891, que fue la primera respuesta oficial de la Iglesia a las injusticias de la Revolución Industrial. Desde entonces, Papas como Pío XI, Juan XXIII, Pablo VI, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco han continuado desarrollando un cuerpo de enseñanzas que subraya la importancia de una economía al servicio de la persona humana.
El Destino Universal de los Bienes: La Iglesia enseña que los bienes de la creación están destinados a todos y que la propiedad privada es un derecho que debe ejercerse con responsabilidad social. Aunque la propiedad privada es legítima, debe estar siempre subordinada al bien común y utilizada para promover la solidaridad y el desarrollo de toda la comunidad.
La Preferencia por los Pobres: El principio de la opción preferencial por los pobres sostiene que las decisiones económicas deben tomar en cuenta las necesidades de los más desfavorecidos. La Iglesia no solo promueve la caridad, sino también la justicia distributiva, es decir, la creación de estructuras sociales y económicas que permitan a los pobres superar la exclusión y la marginalización.
Solidaridad y Subsidiariedad: La solidaridad es el principio que subraya la interdependencia de todos los seres humanos y la responsabilidad compartida de promover el bien de todos. La subsidiariedad, por otro lado, sostiene que las decisiones deben tomarse en el nivel más cercano a las personas afectadas, promoviendo la autonomía de las comunidades locales y evitando el exceso de centralización.

