La Iglesia ha sido una crítica constante de los sistemas económicos que generan desigualdad y marginan a los pobres. Aunque reconoce el valor del mercado y de la iniciativa privada, la Iglesia sostiene que la economía de mercado debe estar subordinada a criterios éticos y al bien común.
El Neoliberalismo y la Globalización: El Papa Juan Pablo II, en su encíclica "Centesimus Annus" (1991), advirtió que el capitalismo sin control lleva a la explotación y la acumulación excesiva de riqueza en manos de unos pocos. El Papa Francisco ha sido aún más contundente en su crítica al neoliberalismo, al que describe como una “economía que mata” porque prioriza el beneficio por encima de la dignidad humana.
Alternativas Económicas: La Iglesia ha propuesto alternativas económicas basadas en la solidaridad y el desarrollo humano integral. A través de la Economía de Comunión y otras iniciativas, la Iglesia promueve modelos de negocio que reinvierten sus beneficios en la comunidad, comparten recursos con los pobres y priorizan el bienestar de los trabajadores.

