La Iglesia Católica está organizada territorialmente en diócesis, cada una dirigida por un obispo, que es responsable de la enseñanza, el culto y el gobierno de su jurisdicción. A su vez, cada diócesis se subdivide en parroquias, que son las comunidades locales dirigidas por un párroco. Las diócesis pueden ser agrupadas en provincias eclesiásticas, encabezadas por un arzobispo, y en regiones mayores como patriarcados o archidiócesis.
Las Conferencias Episcopales son órganos de colaboración entre los obispos de un país o región. Aunque no tienen la misma autoridad que el Papa o los concilios ecuménicos, las conferencias episcopales juegan un papel importante en la coordinación pastoral y la adaptación de las enseñanzas de la Iglesia a las circunstancias locales.

