Inteligencia como criterio.

No es saber mucho.
Eso es memoria entrenada.
La inteligencia empieza cuando eliges.
Cuando renuncias a opciones buenas para quedarte con la correcta.
Cuando asumes que decidir siempre implica perder algo.
El dato ayuda.
Pero no manda.
Mandas tú cuando entiendes el contexto:
quién gana, quién pierde, qué se oculta, qué se repite.
La inteligencia ve patrones donde otros ven anécdotas.
Y ve riesgos donde otros ven promesas.
No es velocidad.
Es timing.
No es seguridad absoluta.
Es preparación para el peor escenario.
Por eso la inteligencia incomoda.
Porque no se vende bien.
Porque no grita.
Porque no busca consenso, busca verdad operativa.
El inteligente no presume.
Responde.
Da la cara cuando la decisión falla.
Aprende. Ajusta. Sigue.
La inteligencia real no se nota en el discurso,
se nota en las consecuencias a medio plazo.
Cuando todo se calma
y la decisión sigue en pie.
Pensar para actuar.
No para gustar.
¿Tu criterio te está protegiendo… o solo te está dando la razón?