El gobierno de la Iglesia combina un enfoque jerárquico con elementos de sinodalidad y colegialidad. La sinodalidad se refiere a la práctica de consultar a los fieles y a los obispos sobre temas importantes, mientras que la colegialidad expresa la colaboración entre el Papa y los obispos en el gobierno de la Iglesia universal.
El Papa Francisco ha promovido una mayor sinodalidad en la Iglesia, convocando sínodos sobre temas como la familia y la Amazonía. Ha insistido en que la Iglesia no debe ser una “pirámide invertida”, sino una comunidad de discípulos en la que cada miembro, ya sea laico, religioso o clérigo, tenga una voz en la misión de la Iglesia. Esto no significa renunciar a la autoridad papal, sino reconocer que la Iglesia es un cuerpo vivo, donde cada miembro tiene un papel que desempeñar en la construcción del Reino de Dios.

